En la historia de la Copa del Mundo, solo una selección ha repetido como campeona en la edición siguiente: Brasil, que ganó en Suecia 1958 y Chile 1962. Han pasado 64 años y ningún otro equipo lo ha conseguido. Argentina llega al Mundial 2026 como campeona vigente y con Lionel Messi al mando intentando hacer lo que nadie ha podido en más de seis décadas.
**Los campeones que fallaron en su defensa**
Italia ganó en 1934 y 1938 (dos seguidas), Brasil en 1958 y 1962 (dos seguidas). Después, el muro. Alemania ganó en 1990 y en 1994 quedó finalista. Brasil en 1994 y en 1998 quedó finalista. España ganó en 2010 y en 2014 fue eliminada en fase de grupos sin ganar un partido. Francia ganó en 1998 y en 2002 fue eliminada en primera ronda sin marcar un gol.
El patrón es claro: ser campeón del mundo te convierte en el objetivo de todos los demás. Y la presión de defender un título en un torneo donde cualquier tropiezo puede ser eliminatorio es psicológicamente aplastante.
**¿Por qué es tan difícil?**
Hay varios factores. Primero, los rivales estudian al campeón con un nivel de análisis que ningún otro equipo recibe. Segundo, los jugadores acumulan cansancio y lesiones después de cuatro años de ciclo de alta competición. Tercero, la euforia del título anterior puede crear una complacencia inconsciente en algunos momentos clave.
**Argentina 2026: el contexto**
La Albiceleste llega al Mundial 2026 con Messi a los 38 años, en lo que casi con certeza es su último torneo. El grupo de jugadores que ganó en Qatar 2022 —De Paul, Di María (retirado), Otamendi, Lautaro Martínez— está cuatro años más mayor y ha vivido cuatro años más de alta exigencia.
El Grupo J de Argentina incluye a Argelia, Austria y Jordania. En papel, accesible. Pero la historia muestra que los papeles en los Mundiales son solo eso: papeles.
**¿Puede Argentina romper la maldición?**
Puede. Tiene el talento. Tiene a Messi. Tiene la experiencia de haber ganado. Pero la estadística histórica dice que tendrían que hacer algo que nadie ha logrado en 64 años. Y el fútbol, como bien saben los argentinos, tiene memoria muy larga.
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